Hoy, 28 de febrero, se celebra el Día de Andalucía, una fecha que conmemora el referéndum de 1980 en el que la comunidad obtuvo su autonomía. Es un día para recordar su rica historia y el legado de Al-Ándalus.
Durante los casi ocho siglos de presencia árabe en la península ibérica (711-1492), Al-Ándalus fue un espacio de convivencia y fusión donde musulmanes, cristianos y judíos compartieron conocimientos en diversos ámbitos, dejando una profunda huella en la historia, la arquitectura, la lengua y la gastronomía. Bajo el dominio musulmán, ciudades como Córdoba, Sevilla y Granada se convirtieron en importantes centros de saber y esplendor, destacando en disciplinas como la ciencia, la medicina y la literatura.
El árabe se estableció como la lengua de la administración y el conocimiento, influyendo en los dialectos romances y dando origen a la aljamía, un sistema de escritura que utilizaba caracteres árabes para transcribir lenguas como el mozárabe y el castellano antiguo. Este fenómeno permitió preservar textos religiosos y literarios incluso después de la prohibición del árabe tras la Reconquista. A su vez, las comunidades mozárabes (cristianos bajo dominio musulmán), moros (musulmanes andalusíes) y moriscos (musulmanes convertidos al cristianismo) experimentaron transformaciones en su identidad, adoptando costumbres árabes que dejaron una impronta duradera en la península.
Uno de los legados más notables de Al-Ándalus es su influencia en la gastronomía. Los árabes introdujeron ingredientes como cítricos, almendras, especias y el azúcar de caña, así como técnicas culinarias refinadas incluyendo el equilibro entre lo dulce y lo salado reflejándose en platos como el cordero con dátiles o el arroz con leche. La repostería española, con dulces como el mazapán, los turrones y los alfajores, es un claro reflejo de este impacto.
A pesar de la expulsión de los musulmanes en 1492 y de los moriscos, en 1609, la herencia árabe sigue viva en España. Cada vez que se disfruta un plato de arroz con azafrán o un postre a base de almendras y miel, se está conectando con una historia de encuentros y fusiones que enriquecieron profundamente la identidad de la región.
Los árabes trajeron consigo una variedad de productos agrícolas gracias a sus avanzados sistemas de irrigación y su conocimiento de la agricultura. Entre los más destacados se encuentran las frutas y frutos secos, como las naranjas amargas, los limones, las granadas, los higos, los dátiles y las almendras. También incorporaron verduras y legumbres como la berenjena y la alcachofa. En cuanto a especias y hierbas aromáticas, su legado incluye el azafrán, el comino, el cilantro, la canela y la menta. Además, la llegada del azúcar de caña transformó la repostería y dio origen a los dulces tradicionales. Gracias a estos ingredientes, la cocina ibérica adquirió una riqueza de sabores y matices que la distinguen hasta la actualidad. Muchos de los platos que hoy forman parte de la gastronomía española tienen su origen en la cocina andalusí. La paella, por ejemplo, no sería posible sin el arroz, un ingrediente que llegó con los árabes y fue cultivado en las marismas valencianas.
La tradición del tapeo tiene sus orígenes en el mezze árabe, una costumbre de servir pequeños platillos variados en reuniones sociales. Con el tiempo, esta práctica evolucionó y dio lugar a las tapas, una de las señas de identidad de la gastronomía de España.
A pesar de que el dominio musulmán en la península ibérica terminó en 1492, con la toma de Granada por los Reyes Católicos, su influencia perduró en múltiples aspectos de la vida cotidiana, como también es el caso del lenguaje. Muchas palabras de uso común, como almohada, aceituna, azúcar y naranja, tienen origen árabe, lo que evidencia la profunda huella cultural que dejaron.
La gastronomía es un testimonio vivo del pasado, un reflejo de la identidad de los pueblos y del continuo intercambio cultural. La cocina andalusí no solo enriqueció la gastronomía ibérica, sino que dejó una valiosa lección: la diversidad es una fuente inagotable de creatividad y riqueza, recordándonos que las tradiciones culinarias son el resultado de siglos de encuentros y fusiones culturales.