Estamos a dos días de conocer el reporte del Departamento de Comercio donde, por Orden Ejecutiva del 20 de enero pasado, el presidente Trump le encargó a a dependencia realizar un análisis exhaustivo sobre la situación del comercio de los Estados Unidos con todo el mundo incluyendo balanza comercial bilateral, barreras arancelarias y no arancelarias, tipos de cambio, déficits comerciales, subsidios, prácticas desleales, con el objeto de elaborar las recomendaciones conducentes para cada caso, como podrían ser la implementación de los aranceles recíprocos.
Ante esa amenaza, lo que ha estado sucediendo en los mercados financieros internacionales en las últimas semanas es inaudito. Estamos inmersos en un escenario sumamente disruptivo, de cambios radicales en el modelo de comercio mundial, y de enorme incertidumbre. Un ataque abierto a la economía de mercado y a la globalización. Tenemos como consecuencia, en los mercados financieros, un fenómeno de “flight to quality” en el que el dinero se está refugiando en el oro, en lugar de dirigirse hacia el dólar y los bonos del Tesoro, como tradicionalmente sucede cuando se tiene un evento que genera pánico y precaución extrema.
El índice del dólar contra las seis principales monedas (DXY) publicado por ICE, que el pasado 28 de febrero alcanzó los 107.67 puntos, ha descendido a 104.03 puntos el viernes 28 de marzo, una caída del 3.38 por ciento en menos de un mes. También hubo caídas generalizadas en los índices bursátiles. El S&P 500 de la Bolsa de Nueva York cayó 6.27 por ciento en el mismo lapso. El bitcoin, bajó también en 2.58 por ciento haciendo evidente que tampoco está jugando un rol de refugio. En contraste, el precio del oro subió de 2,862.2 dólares por onza, a 3,126.8 dólares. Las tasas de los bonos del Tesoro a 10 años han estado bajando desde que ganó las elecciones el presidente Trump, desde un nivel de 4.61 por ciento en diciembre a 4.21 por ciento del viernes pasado.
Está claro que en esta coyuntura tan particular, el dólar ha dejado de ser el activo de refugio por excelencia, como sucedió en la crisis hipotecaria del 2008 temporalmente, cuando se percibía que todo el sistema financiero americano estaba quebrado. Esto no significa el derrumbe inminente del sistema monetario del dólar. La verdad es que no hay una moneda o activo que pudiera sustituirlo por su liquidez, su profundidad, su aceptación, y por el respaldo de la maquinaria económica más importante del mundo.
Pero hoy, la economía americana tiene una deuda de 35 billones de dólares, equivalente a casi el 125 por ciento del PIB, y se está presentando un déficit fiscal crónico superior al 5 por ciento del PIB. Si la política comercial proteccionista extrema fuera permanente, Estados Unidos estaría condenando su futuro económico a la falta de competitividad. Lo que dispararía la inflación y el déficit comercial total crónicas.
Querer regresar la economía norteamericana a la manufactura es una verdadera estupidez. Sus costos de mano de obra y de producción son totalmente descompetitivos. Si adicionalmente pones mayores restricciones a la inmigración de mano de obra, el mercado laboral estará más estresado permanentemente. Es por eso que de manera natural, la economía norteamericana, al igual que varios países desarrollados han evolucionado hacia una economía de servicios, y ahora centrándose más en la digitalización y la inteligencia artificial. La globalización era la evolución natural hacia una integración económica.
Que las armadoras norteamericanas cierren sus plantas en México, y las trasladen a Detroit no va a implicar creación de fuentes de empleo como antaño, la tecnología ha evolucionado de tal forma que con muy pocos operarios puede controlarse una planta de ensamble, por ejemplo. En la misma lógica, al rato Trump les impondrá impuestos a los robots.
Así que lo que están descontando los mercados es el fracaso de estas políticas absurdas. La caída en los índices bursátiles y en las tasas de interés de largo plazo, están descontando una menor actividad económica futura, quizás hasta una recesión, con lo que la Fed tendría que bajar la tasas de una manera más rápida y contundente.
Las promesas anti-inmigrantes y proteccionistas en Estados Unidos están llevando a la economía hacia una recesión, y a una pérdida de competitividad, que le va a costar carísimo a la población americana en las próximas décadas. Pero lo más grave es que lo que se decide en ese país afecta a todo el mundo. Es muy probable que la respuesta de la mayoría de los Estados a los anuncios del 2 de abril sea la implementación de aranceles a los Estados Unidos, y como está advertido por el propio Trump esto suponga mayores aranceles para los países.