A pesar de que México libró parcialmente la mayor guerra comercial lanzada por Donald Trump con sus tarifas arancelarias impuestas a casi todos los socios comerciales de ese país, todavía no es momento de cantar victoria.
El presidente republicano de EU impuso una tarifa universal mínima del 10 por ciento a 185 naciones con las que tiene tratos comerciales, argumentando que la relación es deficitaria para su nación, es decir, la Unión Americana compra más de lo que vende.
Pero dentro de este maremágnum que tiró los mercados bursátiles la mañana de ayer —con Apple perdiendo 8.5 por ciento de su valor, equivalente a 255 mil millones de dólares, por ejemplo—, el presidente de EU tuvo concesiones para los dos principales socios comerciales de su país: México y Canadá, con quienes firmó un T-MEC renegociado en 2018.
Es innegable que el más importante instrumento comercial que tiene México para hacerse de los recursos necesarios para impulsar la economía es el T-MEC. Sin este tratado comercial, nuestro país no tendría ni por asomo los 505 mil 805 millones de dólares que exportó a EU en 2024.
En apariencia, la decisión de Donald Trump fortalecerá la región de Norteamérica al mantener los productos del T-MEC con un arancel de cero por ciento y gravar otros como las autopartes, el acero y el aluminio con un 25 por ciento y los energéticos y minerales con 10 por ciento, pero eso no es suficiente. Sobre todo porque solamente 49 por ciento de las exportaciones de México están bajo el manto protector de ese tratado comercial.
Por su postura, resulta claro, como lo adelantamos en este espacio a principios de año, que Donald Trump busca a toda costa imponer nuevas condiciones al tratado comercial con México y Canadá lo antes posible, sin esperar a la fecha estipulada para renegociarlo el próximo junio de 2026.
“El T-MEC fue un desastre, vamos a necesitar apoyo del Congreso para acabar ese acuerdo”, dijo Trump el miércoles, mientras desataba su guerra comercial contra el mundo, pese a las advertencias de economistas y expertos que le hicieron ver que esto generará inflación y estanflación.
Como está ahora, el T-MEC ha servido para reducir el impacto de los aranceles a muchas empresas localizadas en México, que han quedado exentas de pagar tarifas durante casi 30 años. Sin embargo, la amenaza sigue latente, pues Trump tiene la última palabra en materia comercial, y en México no existe un plan claro para reajustar la economía ante un nuevo escenario en el que el T-MEC simplemente deje de existir.
Si a las decisiones de Trump, cualesquiera que éstas sean, agregamos que México está desmantelando los órganos autónomos, la rendición de cuentas y transparencia, la estructura del Poder Judicial y coquetea con la posibilidad de hacer lo mismo en el sistema de procuración de justicia en el 2027, el escenario es grave; es la tormenta perfecta para generar tal incertidumbre que ahuyentará a cualquier empresario, pues México perderá sus ventajas competitivas y comparativas sin el T-MEC.
Sin T-MEC o con un T-MEC impuesto bajo las condiciones de Donald Trump, difícilmente México será atractivo para los inversionistas.
Ante la incertidumbre global provocada por Trump, las mejores herramientas para nuestro país serían captar más inversión a través del T-MEC, pero para ello primero hay que fortalecer la seguridad jurídica, el Estado de derecho y restablecer la confianza de los inversionistas en la economía local. Lo anterior ayudaría mucho para retomar las ventajas que ofrece el nearshoring para México.
Sotto voce
La gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, expresó su total respaldo al “Plan México” presentado por la doctora Claudia Sheinbaum, una estrategia clave para fortalecer la economía nacional y hacer frente a los aranceles de EU. La gobernadora mexiquense aseguró que el campo será una gran insignia en el Edomex, para que la entidad sea una punta de lanza en la producción agrícola y la atracción de inversiones.