Vancouver. ¿Qué hacer cuando tienes pocas horas previas a pernoctar en un lugar para regresar al día siguiente a tu ciudad de origen? No se me ocurre nada mejor que buscar un buen sitio para cenar y eso hice en Vancouver.
Busqué en la guía Michelin algo interesante para saciar mi solitario apetito cerca del Fairmont Waterfront, en el corazón de esta ciudad, y para mi sorpresa había diversas opciones.
Dios protege al hambriento de buen corazón y justo enfrente del hotel estaba MiKu, un japonés con estrella Michelin.
Me encomendé a toda la corte celestial para conseguir un asiento a las seis y media de la tarde, con la buena fortuna de que había uno, pero en la barra, ni chisté, “démelo”, dije, un Glotón Fisgón nunca deja pasar una oportunidad.
Eso de comer sola no es lo mío, pero decidí tratarme bien y pedir “Sakura Kaiseki”, un menú de degustación de seis tiempos dedicado a la floración de los cerezos y ponerme en las manos del chef ejecutivo, Kazuhiro Hayashi, quien introdujo el “estilo Aburi” en Vancouver.
El estilo Aburi, es una técnica japonesa que consiste en sellar la carne o el pescado con un soplete creando una ligera capa carbonizada en la superficie del sushi o nigiri quedando parcialmente asado y manteniendo la jugosidad del producto crudo en su interior.
Para arrancar este festín culinario empecé con una tartaleta formada a base alga marina frita rellena con un tartar de langostinos y caviar.
Después siguió una trilogía de sashimi con una selección de láminas de hamachi, callo de hacha y robalo acompañados con un aceite de oliva con infusión de cítricos verdaderamente delicioso.
Continué con unos tentáculos de pulpo ligeramente pasados por tempura, sobre una emulsión de miso y pequeñas figuras florales de betabel, rábano sandía coronados con unos cubitos cítricos y pequeñas hojas comestibles, una monada de plato, hay que ver cómo cuidan los japoneses el arte de la presentación.
En la parte de los cárnicos el turno fue para un magret de pato preparado al Aburi, tierno y rojo por dentro y dorado por fuera, acompañado con los jugos del pato y un puré de betabel logrando el yin yang perfecto entre lo dulce y lo salado de las salsas.
Como parte de la guarnición estaban unas croquetas de la misma carne, un dadito de betabel y un cuadrito de piña, cortados con la sutileza de quien juega a la comidita.
Por último, llegó el mosaico de sushis, la especialidad del chef, una explosión de sabores que terminan en un solo bocado. Inicié por el pescado pico rayado con gelatina de konjac marinada en frambuesas.
Luego elegí el saba oshi, lo que eso quiera decir, era un trozo prensado de caballa curado en casa, con salsa de ciruela y pequeñas migas de chamois. La verdad ese no me gustó nadita, el sabor del pescado era demasiado fuerte para mí.
Lo bueno es que la sutileza del salmón con salsa miso trufada, la remolacha encurtida y las gambas manchadas que lo acompañaban me quitaron el mal sabor del bocado anterior.
Siguió el niguiri de atún rojo con una base de wasabi, rico nada más; el gran final se lo llevó el niguiri de wagyu con un cremoso de wasabi y pepinillos encurtidos con la presencia ahumada del Arubi creando un delicioso contraste de sabor y textura.
Cenar en Miku, definitivamente fue la mejor opción en mi corta estancia en Vancouver.
Excelencia turística
Con emoción recibí la semana pasada la Mención Honorífica del Premio Miguel Alemán a la Excelencia Turística, en reconocimiento a mi trayectoria dando a conocer como periodista lo mejor del turismo de México.
Confirmé una vez más la importancia de ser fiel a lo que más te gusta y viajar ha enriquecido mi vida, lo mismo que compartir con los demás las historias producto de esos trayectos.
Además, nadie más destacado para compartir el estrado que el ganador del premio, Eduardo Sánchez Navarro, inversionista que puso a Los Cabos en el mapa del turismo de lujo y quien impulsó esa imagen soñada de los campos de golf, el Mar de Cortés y el desierto. Le agradezco una vez más a mi amigo Javier Vega, quien dirige la comisión de turismo de la Fundación Miguel Alemán, por haberse fijado en mi trabajo.