Se sigue acumulando rápidamente información referente al desempeño de la economía mexicana para los primeros meses de este 2025, y todo indica que tendremos en este primer trimestre del año una contracción respecto al primer trimestre del 2024.
Como cualquier economista, ahora escribiré mis argumentos sobre este pronóstico, y es probable – también como cualquier economista – que en los próximos meses escriba las razones de por qué me equivoqué en mi pronóstico. Pero veamos por lo pronto cuáles son estos indicadores que me preocupan.
El mismo Banco de México, ha reducido su pronóstico de crecimiento para el país para este 2025; la estimación actual es que tengamos un crecimiento anual del 0.6 por ciento.
Recordemos que en el 2024, la economía mexicana creció 1.5 por ciento, y en el IV trimestre de ese año la economía mexicana tuvo un crecimiento solo del 0.5 por ciento, el cual fue menor al 1.7 y al 2.2 por ciento de los trimestres previos; es decir, evidentemente la tasa de crecimiento está cayendo aceleradamente en cada trimestre que pasa.
Por si fuera poco, en los últimos días el INEGI dio a conocer datos sobre diversos indicadores clave que nos dan una buena idea de cómo va evolucionando la economía en los primeros meses de este año; y la realidad es que no va evolucionando muy bien.
Por un lado, tenemos el índice global de la actividad económica (IGAE) que muestra que en enero de este año presentó una caída del 0.2 por ciento respecto al mismo mes del 2024.
De este indicador, es importante destacar que los sectores que por lo general representan el motor de la economía de nuestro país, tuvieron contracciones importantes. Las actividades económicas dentro del sector secundario cayeron un 2.8 por ciento respecto a enero del 2024, y el comercio al por mayor cayó un 4.7 por ciento.
Particularmente el indicador del sector construcción, que típicamente genera una buena cantidad de empleo y tiene un efecto multiplicador en diferentes sectores de la economía, cayó un 6.4 por ciento respecto a enero del 2024; esto se puede explicar relativamente fácil por la reducción en la obra pública.
Otro indicador clave es el indicador mensual de la actividad industrial para enero de este año. El índice de la actividad industrial cayó en términos anuales en el mes de enero un 2.7 por ciento.
Dentro de este indicador se encuentra toda la actividad industrial, y se puede observar que la extracción de petróleo y gas cayó un 10.47 por ciento en términos anuales. Adicionalmente, todo el sector manufacturero cayó un 0.89 por ciento, dentro de este apartado se encuentra la fabricación de maquinaria y equipo que es principalmente de exportación, y la cual cayó más del 8 por ciento en términos anuales.
Finalmente, hace unos días el INEGI también publicó el indicador mensual oportuno de la industria manufacturera, que sabemos cuyo principal destino es la exportación hacia los Estados Unidos, y este indicador cayó un 2.4 por ciento en el mes de febrero respecto al mismo mes del 2024.
Como podemos ver todos los indicadores sobre la evolución de la economía mexicana en los últimos meses muestran contracciones, si a esto le sumamos la inestabilidad y la incertidumbre en el mercado internacional, provocadas por las amenazas del presidente Trump de poner aranceles del 25 por ciento a todos los automóviles y a todas las autopartes que se importen en los Estados Unidos, sin distinguir país de procedencia a partir del 2 de abril, es entendible que el sector industrial no pueda tomar decisiones claras sobre sus planes de producción, y al no poder tomar decisiones sobre sus planes de producción limita – o quizá hasta cancela – las contrataciones de empleo, las compras de insumos y materiales, los servicios de transportación y servicios periféricos de apoyo industrial, por mencionar solo algunas. Todo esto tiene como resultado una contracción en la actividad industrial y, por ende, en la producción nacional (PIB).
Por todo lo anterior, creo que el PIB en el primer trimestre de este año será negativo respecto al primer trimestre del año pasado.
Por ello, se entiende que el Banco de México haya reducido su tasa de interés objetivo a 9 por ciento, con el propósito de motivar la actividad industrial mediante la reducción en el costo del dinero, principalmente para el sector privado.
Un gran porcentaje de la inversión en el 2023 y en el 2024 fue con dinero público, para terminar las mega obras de López Obrador, pero esas obras ya no continúan absorbiendo las mismas cantidades de dinero público; por lo que quizá será necesario que las mega obras que ha planteado la presidenta Claudia Sheinbaum en su plan de desarrollo, aceleren su inicio a mediados de este año para tratar de contrarrestar la contracción de la actividad industrial, principalmente en el sector manufacturero de exportación por el tema de los aranceles en los Estados Unidos.
La movilización de la inversión pública en obras de gran magnitud podrían impulsar el empleo en ciertas regiones, la contratación de materias primas e insumos, y la movilidad de capital.
Sin embargo, el depender fuertemente de la obra pública para acelerar el crecimiento económico nos lleva a un escenario altamente riesgoso para la economía mexicana, una situación que ya vivimos en los años 70 y 80, y ya sabemos que esa época de alta dependencia en el sector público terminó en grandes crisis económicas, en alta deuda pública, un déficit presupuestal desbordado y en una terrible depreciación de la moneda.