El manejo de las finanzas personales presenta diferencias considerables entre generaciones, pues vivieron circunstancias únicas. Sin embargo, más allá de estas brechas, resulta esencial reconocer que cada grupo ofrece una visión con lecciones valiosas.
La llamada generación silenciosa, compuesta por quienes hoy tienen entre 80 y 100 años, emergió en épocas de gran adversidad y sobresale por su habilidad para maximizar recursos. Su legado más destacado es la cultura del “hágalo usted mismo” y el cuidado de las pertenencias.
Por su parte, los baby boomers, personas de entre 61 y 79 años, forjaron sus finanzas bajo la premisa de garantizar un retiro digno, lo que propició altos niveles de ahorro y disciplina. En un mundo donde la esperanza de vida continúa en ascenso, su ejemplo subraya la relevancia de planificar el futuro.
La generación X, de 45 a 60 años, atravesó diversas crisis financieras y desarrolló resiliencia junto con estrategias de diversificación. Representa la adaptabilidad, una virtud indispensable en un entorno volátil.
Mientras tanto, los millennials, con edades entre 29 y 44 años, adoptaron la economía colaborativa y dominan el aprovechamiento de experiencias a través de plataformas digitales. Su inclinación a priorizar el disfrute del presente –viajes, aprendizaje y socialización–, favorece el equilibrio entre la búsqueda de estabilidad financiera y el goce de cada paso.
La Generación Z, de 13 a 28 años y que ya forma parte del mercado laboral, destaca por darle mayor importancia al propósito y la realización personal por encima de la retribución económica. Este grupo desafía los esquemas empresariales tradicionales e impulsa entornos laborales más humanos.
La Generación Alfa, niños recién nacidos hasta los 12 años, representa el futuro financiero. Crecerá en un mundo dominado por tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial, que transformará la forma de administrar los recursos económicos.
Las mejores prácticas de cada generación potencian las decisiones en materia financiera. La frugalidad, la visión a largo plazo, la flexibilidad y la búsqueda de sentido, cuando convergen, motivan a replantear la relación con el dinero.
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